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Se necesita -dice Francisco- una "prudencia audaz" a la luz del Espíritu. Una mirada profética que devuelva la dignidad a la Amazonía, hoy lugar de demasiados "pecados ecológicos" -como se definieron en el Aula del Sínodo-, desde la deforestación hasta la minería salvaje y la contaminación. Una profecía que sabe recoger el grito de esta tierra con amor pastoral y oración, con el coraje de las mujeres y hombres de Dios.

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