"Nosotros, los participantes del Sínodo Pan-Amazónico, compartimos la alegría de vivir entre numerosos pueblos indígenas, quilombolas, ribereños, migrantes, comunidades en la periferia de las ciudades de este inmenso territorio del Planeta" A diferencia del primer pacto de las catacumbas realizado durante el Concilio Vaticano II en 1965, esta vez participaron y estamparon su firma mujeres líderes de sus comunidades

Fuente: https://www.religiondigital.org y www.clar.org Domingo 20 de octubre de 2019

Por una Iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana

Nosotros, los participantes del Sínodo Pan-Amazónico, compartimos la alegría de vivir entre numerosos pueblos indígenas, quilombolas, ribereños, migrantes, comunidades en la periferia de las ciudades de este inmenso territorio del Planeta. Con ellos hemos experimentado la fuerza del Evangelio que actúa en los pequeños. El encuentro con estos pueblos nos desafía y nos invita a una vida más simple de compartir y gratuidad. Influidos por la escucha de sus gritos y lágrimas, acogemos de corazón las palabras del Papa Francisco:

“Muchos hermanos y hermanas en la Amazonía cargan cruces pesadas y esperan el consuelo liberador del Evangelio, la caricia amorosa de la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos”.

Mujeres líderes de sus comunidades participaron y firmaron el nuevo pacto.

Recordamos con gratitud a los obispos que, en las Catacumbas de Santa Domitila, al final del Concilio Vaticano II, firmaron el Pacto por una Iglesia servidora y pobre. Recordamos con reverencia a todos los mártires miembros de las comunidades eclesiales de base, de las pastorales y movimientos populares; líderes indígenas, misioneras y misioneros, laicos, sacerdotes y obispos, que derramaron su sangre debido a esta opción por los pobres, por defender la vida y luchar por la salvaguardia de nuestra Casa Común. Al agradecimiento por su heroísmo, unimos nuestra decisión de continuar su lucha con firmeza y valentía. Es un sentimiento de urgencia que se impone ante las agresiones que hoy devastan el territorio amazónico, amenazado por la violencia de un sistema económico depredador y consumista.

Ante la Santísima Trinidad, nuestras Iglesias particulares, las Iglesias de América Latina y el Caribe y de aquellas que son solidarias en África, Asia, Oceanía, Europa y el norte del continente americano, a los pies de los apóstoles Pedro y Pablo y de la multitud de mártires de Roma, América Latina y especialmente de nuestra Amazonía, en profunda comunión con el sucesor de Pedro, invocamos al Espíritu Santo y nos comprometemos personal y comunitariamente a lo siguiente: 

Sínodo para la Amazonía
Sínodo para la Amazonía
  1.  Asumir, ante la extrema amenaza del calentamiento global y el agotamiento de los recursos naturales, un compromiso de defender en nuestros territorios y con nuestras actitudes la selva amazónica en pie. De ella provienen las dádivas del agua para gran parte del territorio sudamericano, la contribución al ciclo del carbono y la regulación del clima global, una incalculable biodiversidad y una rica socio diversidad para la humanidad y la Tierra entera.
  2. Reconocer que no somos dueños de la madre tierra, sino sus hijos e hijas, formados del polvo de la tierra (Gen 2, 7-8), huéspedes y peregrinos (1 Ped 1, 17b y 1 Ped 2, 11), llamados a ser sus celosos cuidadores y cuidadores (Gen 1, 26). Por tanto, nos comprometemos a una ecología integral, en la cual todo está interconectado, el género humano y toda la creación porque todos los seres son hijas e hijos de la tierra y sobre ellos flota el Espíritu de Dios (Génesis 1: 2).
  3. Acoger y renovar cada día la alianza de Dios con todo lo creado: "Por mi parte, estableceré mi alianza contigo y tu descendencia, con todos los seres vivos que están contigo, aves, animales domésticos y salvajes, en resumen, con todas las bestias de la tierra que salieron del arca contigo” (Gen 9: 9-10; Gen 9: 12-17).
  4. Renovar en nuestras iglesias la opción preferencial por los pobres, especialmente por los pueblos originarios, y junto con ellos garantizar el derecho a ser protagonistas en la sociedad y en la Iglesia. Ayudarlos a preservar sus tierras, culturas, lenguas, historias, identidades y espiritualidades. Crecer en la conciencia de que deben ser respetados local y globalmente y, en consecuencia, alentar, por todos los medios a nuestro alcance, a ser acogidos en pie de igualdad en el concierto mundial de otros pueblos y culturas.
  5. Abandonar, como resultado, en nuestras parroquias, diócesis y grupos toda clase de mentalidad y postura colonialistas, acogiendo y valorando la diversidad cultural, étnica y lingüística en un diálogo respetuoso con todas las tradiciones espirituales.
  6. Denunciar todas las formas de violencia y agresión contra la autonomía y los derechos de los pueblos indígenas, su identidad, sus territorios y sus formas de vida.
  7. Anunciar la novedad liberadora del evangelio de Jesucristo, en la acogida al otro demás y al diferente, como sucedió con Pedro en la casa de Cornelio: “Usted bien sabe que está prohibido que un judío se relacione con un extranjero o que entre en su casa. Ahora, Dios me ha mostrado que no se debe decir que ningún hombre es profano o impuro” (Hechos 10, 28).
  8. Caminar ecuménicamente con otras comunidades cristianas en el anuncio inculturado y liberador del evangelio, y con otras religiones y personas de buena voluntad, en solidaridad con los pueblos originarios, los pobres y los pequeños, en defensa de sus derechos y en la preservación de la Casa. Común
  9. Establecer en nuestras iglesias particulares una forma de vida sinodal, donde los representantes de los pueblos ariginários, misioneros, laicos, en razón de su bautismo y en comunión con sus pastores, tengan voz y voto en las asambleas diocesanas, en los consejos pastorales y parroquiales, en resumen, en todo lo que les cabe en el gobierno de las comunidades.
  10. Comprometernos en el reconocimiento urgente de los ministerios eclesiales ya existentes en las comunidades, llevados a cabo por agentes pastorales, catequistas indígenas, ministras y ministros de la Palabra, valorando especialmente su atención a los más vulnerables y excluidos.
  11. Hacer efectivo en las comunidades que nos han confiado el paso de una pastoral de visita a una pastoral de presencia, asegurando que el derecho a la Mesa de la Palabra y la Mesa de la Eucaristía se haga efectivo en todas las comunidades.
  12. Reconocer los servicios y la real diaconía de la gran cantidad de mujeres que dirigen comunidades en la Amazonía hoy y buscar consolidarlas con un ministerio apropiado de mujeres líderes de comunidad.
  13. Buscar nuevos caminos de acción pastoral en las ciudades donde actuamos, con el protagonismo de laicos y jóvenes, con atención a sus periferias y migrantes, trabajadores y desempleados, los estudiantes, educadores, investigadores y al mundo de la cultura y de la comunicación.
  14. Asumir frente a la avalancha del consumismo con un estilo de vida alegremente sobrio, sencillo y solidario con aquellos que tienen poco o nada; reducir la producción de residuos y el uso de plásticos, favorecer la producción y comercialización de productos agroecológicos y utilizar el transporte público siempre que sea posible.
  15. Ponernos al lado de los que son perseguidos por el servicio profético de denuncia y reparación de injusticias, de defensa de la tierra y de los derechos de los pequeños, de acogida y apoyo a los migrantes y refugiados. Cultivar amistades verdaderas con los pobres, visitar a los más simples y enfermos, ejerciendo el ministerio de la escucha, del consuelo y del apoyo que traen aliento y renuevan la esperanza.
Francisco, durante la procesión de arranque del Sínodo de la Amazonía
Francisco, durante la procesión de arranque del Sínodo de la Amazonía

Conscientes de nuestras debilidades, nuestra pobreza y pequeñez frente a desafíos tan grandes y graves, nos encomendamos a la oración de la Iglesia. Que nuestras comunidades eclesiales, sobre todo, nos ayuden con su intercesión, afecto en el Señor y, cuando sea necesario, con la caridad de la corrección fraterna.

Acogemos de corazón abierto la invitación del cardenal Hummes a ser guiados por el Espíritu Santo en estos días del Sínodo y en nuestro regreso a nuestras iglesias:

“Déjense envolver en el manto de la Madre de Dios y Reina de la Amazonía. No dejemos que nos venza la auto-referencialidad, sino la misericordia ante el grito de los pobres y de la tierra. Se requerirá mucha oración, meditación y discernimiento, así como una práctica concreta de comunión eclesial y espíritu sinodal. Este sínodo es como una mesa que Dios ha preparado para sus pobres y nos pide  nosotros que seamos los que sirven la mesa".

Celebramos esta Eucaristía del Pacto como "un acto de amor cósmico". “¡Sí, cósmico! Porque incluso cuando se lleva a cabo en el pequeño altar de una iglesia de aldea, la Eucaristía siempre se celebra, en cierto modo, en el altar del mundo". La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra toda la creación. El mundo salido de las manos de Dios regresa a Él en feliz y plena adoración: en el Pan Eucarístico "la creación tiende a la divinización, a las santas nupcias, a la unificación con el mismo Creador". "Por esta razón, la Eucaristía es también fuente de luz y motivación para nuestras preocupaciones por el medio ambiente, y nos lleva a ser guardianes de toda la creación".

 

Catacumbas de Santa Domitila

Roma, 20 de octubre de 2019

¿Algo nuevo está naciendo?

La Iglesia de Santa María, en Transpontina, en la vía de la Conciliación que une el Castillo Santo Ángel y la plaza de San Pedro, fue testiga de una conmemoración profundamente simbólica este 12 de octubre del 2019.

En un momento de la celebración invitaron al silencio, se hizo un silencio profundo, un silencio lleno de vida y de fuerza, un silencio en que el Espíritu se expresa con fuerza. Un silencio que permitió escuchar toda la historia silenciada de los pueblos aborígenes de la Amazonía y en ellos a todos los pueblos del mundo. Un silencio que obligó a escuchar el latidos del corazón de las y los asistentes, el latido del corazón de los pueblos, el latido del corazón de Dios que habló con fuerza y con contundencia, una vez más, por medio de los marginalizados por los poderes de ayer y de hoy.

En medio del silencio resonó fuerte la Palabra de Dios: «Oí el clamor de mi pueblo, vi como lo esclavizaban y por eso bajé» (Éxodo 3,7). «La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros» (Juan 1,1). Dios se sigue revelando en la historia, le importa lo que pase con su pueblo, se sigue revelando cada día. Y siguió el silencio.

El silencio fue interrumpido por tres golpes de tambor que llegaron desde la selva hasta el centro y hasta lo profundo del alma, golpes que trajeron todos los gritos de dolor de los pueblos silenciados, golpes que fueron invitando a pedir perdón. Unas y unos asistentes fueron pidiendo perdón arrodillándose al ritmo de los golpes de tambor, las y los presentes les acompañaron con el mismo gesto respetuoso. Pidieron perdón por haber matado a mujeres y hombres, culturas, lenguas, selvas, ríos, historia, fe…

El profundo silencio fue interrumpido por la música solemne de los pueblos amazónicos y poco a poco fueron levantando a las personas que estaban de rodillas y sin palabras les dijeron que, además de arrodillarse a pedir perdón, debían levantarse y actuar, para impedir que se sigan destruyendo las selvas, los ríos, el agua, los pueblos aborígenes y con ellos la especie humana. Hay que ponerse de pié para construir otra historia.

Todos los asistentes recibieron semillas y con una sentida, profunda y profética bendición de las semillas realizada por Ernestina, mujer indígena brasilera y sabia, los asistentes fueron enviados a sembrar y a cultivar las semillas de una nueva iglesia, de una nueva sociedad y para alumbrar el camino, todas y todos recibieron una luz.

Las y los “indígenas” encabezan una procesión con las luces hacia la plaza de San Pedro, pocas y pequeñas para la majestuosidad de la basílica principal para el mundo cristiano católico, pero suficientes para recordarle a la Iglesia que solo iluminará, si acepta la luz que viene de la periferia, de los márgenes de la historia. En definitiva, le recuerdan que de la periferia vino Jesús de Nazaret.

Desde Roma, Pe. Alberto Franco. CSsR, J&P Colombia, Red Iglesias y Minería

El católico en política debe discernir los “signos de los tiempos”, no moralizar la sociedad en la historia de los pueblos...
 
Por NELSON VILLARREAL DURÁN·, 5 de octubre de 2019· Tiempo de lectura:12 min
 
 
El momento particular de cambio civilizatorio, de crisis política generalizada en la región, de injusticias estructurales permanentes, que pone bajo sospecha las conquistas democráticas, sociales y económicas logradas en las últimas décadas, reclama de interpelaciones profundas a toda la sociedad. Nos cuestiona particularmente, a quienes somos personas católicas que debemos afrontar los problemas, sin situarnos en roles de pretensión moralizadora, buscando promover el cambio personal y de estructuras que se requiere en el momento actual, inspirados en el Evangelio y la tradición viva de la Iglesia.
 
Leo al Papa Francisco, desde un país laico y secular, que más allá de dificultades y desafíos a cambiar, tiene una de las “democracias plenas” del mundo y la sociedad más igualitaria de la región, donde ser persona católica no da ningún privilegio y sí una autonomía que valoramos mucho. 

Se necesita -dice Francisco- una "prudencia audaz" a la luz del Espíritu. Una mirada profética que devuelva la dignidad a la Amazonía, hoy lugar de demasiados "pecados ecológicos" -como se definieron en el Aula del Sínodo-, desde la deforestación hasta la minería salvaje y la contaminación. Una profecía que sabe recoger el grito de esta tierra con amor pastoral y oración, con el coraje de las mujeres y hombres de Dios.

Por Jorge Márquez (publicado en Umbrales 11/6/19)
El 14 de junio es “memoria obligatoria para un santoral popular” que nos remite a la vida y testimonio de Mauricio Silva, sacerdote uruguayo, Hermano del Evangelio, desaparecido en 1977 durante la dictadura en Argentina, y cada año la fecha se renueva con iniciativas para mantener viva la memoria en la busqueda de las tan ansiadas y necesarias ¡Verdad y Justicia!
 
Solo una “inteligencia” atroz puede hacer desaparecer a un ser humano sin dejar rastro aparente… y es que la sencilla y oculta vida del Hto Mauricio, hombre profundamente contemplativo, solidario con sus compañeros de trabajo, irradiaba una luz fuerte, la del Evangelio de Jesus, que cegó la mirada de los autoritarios y violentos, creyéndolo digno de persecusión, seguramente de cruel tortura y de una muerte violenta, configurándose así más con el Nazareno.

Como lo venimos haciendo desde hace varios años, luego de compartir una emotiva celebración ecuménica desde la fe en el Resucitado y en memoria de nuestras hermanas y hermanos detenidos desaparecidos, acompañamos en silencio a sus madres y familiares, en su clamor por VERDAD Y JUSTICIA. Esta vez nos reconfortó que nuestro Cardenal Daniel Sturla celebrara la memoria con nosotrxs y que marchara junto al pueblo bajo la intensa lluvia y en medio del silencio atronador (Texto: Mauricio Passeggi)

 

"Estos últimos meses han sido de dolores y desencuentros que han tocado al Ejercito nacional y sus relacionamientos con la sociedad a la que pertenece, con la sombra de un pasado que necesita la luz de la verdad, la justicia y el perdón. Para que los orientales demos pasos más decididos en el camino de la reconciliación nacional, que por momentos parece que se diluye para dolor de la mayoría de los orientales que anhelamos la paz"El Cardenal Daniel Sturla reclamó por VERDAD, JUSTICIA Y PERDÓN ante al Comandante en Jefe del Ejército y otros altos mandos militares, en la misa por la celebración del día del Ejército:

Testimonio en primera persona de Juan Algorta SDB.

El sábado 27 de abril serán beatificados en la ciudad de La Rioja (República Argentina) cuatro personas que fueron asesinadas por defender a los más desamparados de ese territorio. Murieron por su fe. Entre ellos, un obispo, dos sacerdotes y un laico. Porque estas personas me traen un recuerdo muy especial vaya mi testimonio como homenaje a ellos.

El 18 de julio de 1976 viví una experiencia inolvidable. Invitado por el Obispo de La Rioja (República Argentina) me trasladé a esta hermosa región lindante la cordillera de Los Andes. Me recibió Enrique el Obispo de la Rioja. Me llevó a visitar la región montañosa. Impresionante. Al llegar a un valle me encontré con una iglesia de piedra y una multitud venía para celebrar la Santa Misa. “Esta gente viene de lejos para la Misa dominical. Algunos han caminado cerca de tres horas”. Por la noche Monseñor me sirvió fraternalmente un té caliente porque yo estaba un poco engripado.

Foro de archivo: Angel Rocha exponiendo en el XXXIII Encuentro Nacional de Laicos.

Reflexiones de un cristiano de a pie sobre la Carta de los Obispos Católicos del Uruguay “Tiempos de elecciones, tiempo de esperanza” 05.04.2019

¿Hay una colonización ideológica?, quien coloniza a quién?

No pretendemos comentar los quince puntos de esa Carta, algunos los compartimos, otras no tanto y algunas tenemos una visión totalmente diferente. Nos alegra que se “…alienta el compromiso político de los laicos católicos, consciente de que la política es una de las formas más preciadas del amor, porque busca el bien común…”

1.  A los uruguayos nos alegra vivir en democracia. Nos han calificado entre las veinte democracias plenas del mundo. Gozamos de la libertad y nos gusta el sentirnos iguales en el cuarto secreto. Todo voto vale, todo voto es importante. Como Iglesia en el Uruguay, siendo una de las instituciones fundadoras de la patria, damos gracias a Dios por la libertad de la que gozamos, y compartimos la alegría de este tiempo electoral. Los obispos de la Iglesia Católica, como ciudadanos y pastores, queremos sumar nuestro aporte a la reflexión que se abre en este tiempo electoral.